23 de diciembre de 2015

2016 será la primera temporada en veintiún años -18 en la máxima categoría, tres como aficionado- que no vea el nombre de Pablo Lastras entre la plantilla del equipo de Eusebio Unzué. La caída sufrida por el ciclista de San Martín de Valdeiglesias el pasado 26 de marzo, durante la cuarta etapa de la Volta a Catalunya, truncó su carrera deportiva y le obligó a pasar por un largo y doloroso proceso de recuperación, que aún hoy acomete. Pero incluso en dicho trance, ‘Penkas’ exhibió los valores que le han llevado a ser uno de los ciclistas más reconocidos dentro y fuera del pelotón. Dignidad, compromiso, respeto máximo a la labor de compañeros y rivales, pero sobre todo, un corazón de oro.

Debutante en profesionales con Banesto con victoria, en el Memorial Galera de 1997 -ya había corrido el Trofeo Luis Ocaña ’96 con la selección española sub23-, Lastras fue como el mejor mediocentro futbolístico. Capaz de repartir juego y apoyar a sus compañeros como ninguno, pero también con la suficiente habilidad para lograr triunfos individuales de bella factura.

Tras varios años minado por las lesiones, que le acompañarían toda su carrera, ‘Penkas’ completó en tres campañas consecutivas el codiciado ‘trébol’ en Grandes Vueltas. En 2001 fue el Giro, en Gorizia; en 2002, un ‘doblete’ en la Vuelta, en Córdoba y Collado Villalba; y finalmente, en 2003, la más grande, el Tour, en Saint-Maixent-l’École, apuntando al cielo, recordando a su madre fallecida por cáncer sólo unos meses antes. Ella, Rosa, fue la mayor responsable de que el joven Pablo no dejase el ciclismo mucho antes por falta de motivación. “De ella he sacado el carácter y la dureza”.

Ocho años después, en la cuarta etapa de la Vuelta 2011, Lastras volvió a alzar los brazos en Totana. Por su madre, pero también por Xavi Tondo y por todos sus seres queridos. Incluso brindó dedicatoria a los medios. “Hacen grande este deporte”. Durante estos cuatro lustros -que le llevaron hasta los 13 éxitos como profesional, y muchos otros más en equipo-, ‘Penkas’ exhibió ante la prensa o con cualquiera que reclamase su atención un tacto y amabilidad exquisitos, incluso tomando la iniciativa por sí mismo y demostrando que dar pedales es sólo una parte del trabajo de un ciclista.

Es imposible desligar la faceta ciclista de Lastras de la humana. Carisma, humildad y entrega son otros valores que definen a una de las personalidades que mejor encarnan el espíritu del grupo de Unzué. Muchos miembros de otros equipos le admiran. Y para muchos de sus compañeros, es un padre o un hermano deportivo. La emoción vivida durante la noche del homenaje que el equipo en pleno le brindó hace poco más de un mes en Pamplona resume bien el sentimiento de todos hacia su ‘Padrino’. Un cariño que se extenderá mucho tiempo después de su retirada.

Desde Movistar Team: Penkas, gracias por todo.



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